Justificación

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El Congreso Internacional de Mitocrítica “Mito y emociones” llevará a cabo una reflexión profunda y actual sobre las relaciones entre la mitología y la emoción. Para este objetivo reunirá a investigadores del más alto nivel internacional y muchos otros ya asentados o en periodo de formación para que aporten, ya sea mediante la reflexión teórica, el análisis textual o la exposición de manifestaciones artísticas, principios metodológicos y aplicaciones prácticas encaminados a establecer criterios de interpretación sobre las relaciones entre el mito y la emoción en la literatura y las artes contemporáneas.

Los avances en el conocimiento del pensamiento y la psicología ponen de manifiesto dimensiones que durante siglos han permanecido ocultas. En la época contemporánea los investigadores más prominentes han mostrado que nuestros hábitos de conducta no dependen menos de motivos emocionales que de motivos racionales. Es más, en la actualidad, uno de los fenómenos más característicos es la ejecución de actos humanos por impulsos meramente emocionales. Más que en otros periodos de la historia, los individuos reaccionan como consecuencia de pulsiones, las más de las veces imprevistas. Los anuncios publicitarios, con la oferta de promesas racionalmente desligadas del producto en venta, rentabilizan de manera incuestionable el comportamiento impulsivo convertido en un estereotipo de la sociedad de consumo.

De ahí la pujanza actual de disciplinas que, como la psicobiología y la psicología social, investigan la naturaleza de las emociones, cómo se producen, qué significan y cómo llegan a modificar la lógica racional. Los especialistas coinciden en varios puntos básicos en toda emoción: a) la existencia y la percepción de un acontecimiento previo; b) las manifestaciones psicosomáticas intensas, pasajeras y conectadas entre sí; c) la distinción (con atracción o rechazo) entre aspecto agradable y desagradable. La emoción ―en su interacción con los sentimientos, los estados de ánimo y los afectos― configura en buena medida nuestra respuesta al mundo, condiciona nuestras motivaciones, da energía y dirige nuestra conducta íntima y social.

El mito no puede quedar al margen de esta reflexión. El congreso adopta, como hipótesis de trabajo, esta definición: relato explicativo, simbólico y dinámico, de uno o varios acontecimientos extraordinarios personales con referente trascendente, que carece en principio de testimonio histórico, se compone de una serie de elementos invariantes reducibles a temas y sometidos a crisis, presenta un carácter conflictivo, emotivo, funcional, ritual y remite siempre a una cosmogonía o a una escatología absolutas, particulares o universales. El carácter emotivo del mito fundamenta el marco de la investigación propuesta para este Congreso. Esta definición será combinada durante el Congreso con otras, menos canónicas, resultantes de la mitificación de personajes, lugares y acontecimientos históricos.

Un ejemplo clásico puede orientar sobre el enfoque propuesto. Cuenta Virgilio que Eurídice murió víctima de la mordedura de un hidro (serpiente de agua). Afligido y buscando consuelo en el canto, Orfeo bajó por las cavernas del Ténaro y entró en los Infiernos en busca de su amada Eurídice. El poeta relata un hecho que la lógica racional contradice: no es razonable ir a buscar a alguien más allá de la muerte. Pero la lógica emocional acepta perfectamente la catábasis órfica. Nada más natural que desear el regreso de la amada y poner cualquier medio, incluso irracional, para conseguirlo. El relato mítico desvela, a su manera, que la muerte física (en este caso, la de Eurídice) no tiene una explicación suficiente para Orfeo; su descenso privilegia la lógica emocional sobre otros modos (también lógicos) de expresión y comprensión del mundo. De ahí la aventura órfica, o las de Alcestis en busca de Admeto o de Hércules en busca de Alcestis.

Pero los relatos míticos no afectan solo a los personajes. La pena de Orfeo fue tal que, compadecidas, las Dríadas y las Ninfas hincharon “los montes de llanto”. Junto a estas deidades, el lector de la Eneida o el espectador de la ópera de Offenbach sienten la compasión por Orfeo. La emoción incluye también una dimensión catártica: el lector o el espectador se involucran en la trama, experimentan las emociones del protagonista: sufren con él y le desean una solución que ninguna lógica racional puede prometer. Comprenden el pesar de Orfeo, provocado por un sentimiento de culpabilidad (volver la mirada atrás a punto de salir del Hades a pesar del pacto, otro acto emocional), aceptan incluso el descenso inverosímil a las moradas ocultas. De modo también inesperado, el lector o el espectador se sienten dispuestos a acometer, siquiera en la imaginación, la empresa del Tracio. Sin saberlo, justifican ilógicamente lo que lógicamente no pueden refrendar.

Este es uno de los sentidos de la literatura y las artes plásticas y del espectáculo: sacar a la luz, evidenciar el recurso habitual de nuestro psiquismo a una explicación puramente emocional, que permita la consecución de los objetivos irrenunciables del ser humano. Lógica racional y lógica emocional se complementan.

No hay mito sin retorno a los orígenes o sin referencia al final, ya sea del individuo o de la comunidad. El motivo literario del descenso a los infiernos aparece en todas las culturas, muestra evidente de que forma uno de los arquetipos del inconsciente colectivo. Sus adaptaciones míticas (como el caso del poeta por antonomasia) proponen soluciones concretas a los problemas individuales y colectivos, imprimen una conciencia de identidad, informan sobre el origen y el destino, tanto de los individuos como de las colectividades. Nuestro origen y nuestro destino míticos tienen derivadas emocionales y afectivas: son principios activos en un mundo con el que nos sentimos estrechamente identificados y vinculados o, inversamente, del que nos queremos distinguir y desvincular. Se unen así mito, emoción, cosmogonía y escatología.

En la literatura contemporánea, los ejemplos a este respecto son innumerables. En Man and Superman (G. B. Shaw), Octavius oye con pavor que su novia Ann ha sido encomendada a John Tanner (Don Juan): el destino que une indefectiblemente a su novia con el seductor es sobrecogedor. En El Señor de Pigmalión (J. Grau), el duque se siente atraído por la muñeca Pomponina: un objeto inerte toma vida y se apodera siniestramente de su corazón. En Der Zauberberg (T. Mann), el joven Naphta recuerda su afecto hacia las prácticas rituales de los carniceros judíos frente a las de los carniceros cristianos: siente un rechazo ante la razón cristiana frente al salvajismo judío. En La Guerre de Troie n’aura pas lieu (J. Giraudoux), Hélène expone a Andromaque su amor ineluctable por Paris: sus impulsos eróticos son voluntad de Afrodita. En estos textos un personaje experimenta una emoción motivada por un mito relacionado con el origen, el destino, lo siniestro o lo fantástico: hay un campo prometedor para la investigación sobre las relaciones entre la psicobiología de la emoción y el mito.

La mitocrítica debe incluir la descripción y el análisis de los caminos donde la retórica de la psicología individual y social se cruza con la práctica cultural de los mitos. Así, los estudios sobre mitología deben indicar el recurso a la lógica emocional y las consecuencias de la conexión empática en los relatos míticos (dimensión catártica). También deben poner de manifiesto el paralelismo entre el “origen emocional” y el “destino emocional” (dimensiones cosmogónica y escatológica). En fin, deben estudiar las relaciones entre la emoción, el mito, lo siniestro y lo fantástico.

Este Congreso persigue, en definitiva, disponer de un estudio, lo más amplio y exhaustivo posible, que aporte pautas y modelos capaces de interpretar el fenómeno mítico-emocional. Su puesta en práctica será de gran ayuda para comprender y ayudar a comprender una buena parte de la escritura y el arte de la modernidad y la posmodernidad, así como la cultura y el pensamiento de nuestra sociedad actual.

El Comité organizador del Congreso convoca a investigadores para que aporten ―ya sea mediante la reflexión teórica o el análisis textual― sus principios metodológicos y sus contribuciones prácticas sobre la problemática de la relación combinatoria entre el mito y la lógica de las emociones en la literatura y las artes contemporáneas (desde 1900).